¿Qué es la ansiedad?
La eterna pregunta, nunca me cansaré de repetirlo. ¡Ansiedad tenemos todos! Es así de sencillo y así de fácil. Y tu dirás…
«- Eso no puede ser, no todo el mundo siente que el mundo se le viene encima porque no contestó un correo a tiempo.»
Y ahí debo darte la razón. Pero verás, todos tenemos espalda y solo a algunos les duele.
La ansiedad es una respuesta física de preparación para huir de un peligro o enfrentar una amenaza. Prepara tu cuerpo para la acción. Hasta aquí no suena a problema, ¿no crees?
Y eso es porque no lo es. Es una suerte que nuestro cuerpo trate de proteger nuestra vida y nuestra seguridad a toda costa.
Imagínate que estás en una videollamada importante y de repente sientes que tu conexión a internet falla. Tu corazón se acelera, tus manos sudan, tu mente va a mil.
¡Es tu cuerpo tratando de salvarte del "peligro" de quedar mal frente a tu jefe o tus compañeros!
Sin embargo, no todos tenemos la misma sensibilidad ante el peligro. Algunos tienen muy poca, lo cual tampoco es mejor (¿has visto a esos compañeros que parecen no inmutarse aunque todo se esté cayendo a pedazos?); otros tienen un nivel intermedio y más adecuado. Y otros, especialmente muchos teletrabajadores, tienen un nivel de sensibilidad al mundo mucho más alto, lo que les genera miedo e inseguridad en más ocasiones.
¿Te suena eso de estar revisando el correo a las 11 de la noche "por si acaso" o de sentirte culpable por tomarte un descanso de 10 minutos?
¿Esta sensibilidad a qué se debe? ¿Es de nacimiento?
No, salvo algunos rasgos de personalidad y temperamento con los que nacemos que pueden propiciar en algunos casos sentir ansiedad. La verdad es que la inmensa mayoría de las personas con ansiedad, y especialmente los teletrabajadores, deben sus síntomas a patrones aprendidos en la infancia o en la juventud, combinados con las dinámicas únicas del trabajo remoto. Ideas sobre ellos mismos y el mundo que les rodea.
Por ejemplo, ¿te enseñaron de pequeño que "descansar es de vagos"? ¿O que "si no estás disponible todo el tiempo, no eres un buen trabajador"? Ahora suma a eso el teletrabajo: la presión de estar siempre conectado, la falta de separación entre tu vida personal y laboral, y esa sensación constante de que "nunca haces lo suficiente" porque no tienes a nadie a tu lado para decirte "oye, lo estás haciendo genial".
Experiencias traumáticas, como haber recibido críticas duras en una reunión virtual, o creencias irracionales, como "si no contesto este mensaje en menos de un minuto, me van a despedir", también juegan un papel importante. Todo ello combinado con unos recursos personales más o menos desarrollados que ayudan o dificultan en el manejo de la ansiedad.
¿Qué quiero decir con esto?
Que no te sientas culpable.
La mayoría de las cosas que te han llevado a vivir ansiedad ahora mismo ni siquiera dependían de ti. Quizás creciste pensando que el trabajo lo es todo, o tal vez el teletrabajo ha amplificado esa vocecita en tu cabeza que dice "tienes que demostrar que estás trabajando aunque nadie te vea". Así que vamos a cambiar la palabra “culpa” por “responsabilidad”.
Lo más seguro es que no tengas la culpa, pero desde luego que tienes la responsabilidad de qué hacer con esta situación ahora mismo. No me malinterpretes, no seré yo quien te diga que debes o no debes hacer. La verdad es que podrías comenzar un trabajo para manejar tu ansiedad o podrías no hacerlo. Y ambas opciones son respetables en igual medida.
Ahora bien, yo no le deseo el mal a nadie y siempre recomendaré avanzar y crecer si se encuentra en la situación de elegir. Sobre todo para que no estés con el fastidio de los síntomas día sí y día también. Porque, seamos sinceros, ¿quién quiere vivir con el corazón acelerado cada vez que aparece una notificación de Slack, o con esa sensación de agotamiento eterno por no saber desconectar del trabajo remoto? Es un punto a tener en cuenta.
¿Por qué es importante apoyarme en un profesional?
No sé por qué, pero cuando se trata de un motor estropeado nadie duda de contar con un mecánico. Es casi inevitable. En las películas americanas siempre se ridiculiza al padre de familia que quiere hacerse el fontanero por ahorrarse unos dólares y al final acaba de agua hasta las orejas.
¿Quién te enseñó a establecer límites cuando tu oficina es tu sala de estar? ¿O a no sentirte culpable por no estar "visible" en línea las 24 horas del día?
La respuesta es simple: No nacemos sabiendo manejar la ansiedad. Y menos aún en un entorno de teletrabajo, donde las reglas del juego han cambiado por completo.
El problema es que toda la vida nos invitan a autogestionarnos. A saber controlarnos y mantenernos estables. Pero si te das cuenta, ¡no nos han enseñado a hacer eso en ningún momento! Y mucho menos en un contexto donde el trabajo y la vida personal se mezclan como nunca antes.
En mi cabeza suena tan absurdo como si alguien esperara que yo supiera arreglar mi coche sin tocar un libro de mecánica… Ni lo intento, y si lo intentara me frustraría y perdería mucho tiempo en vano antes de llamar a un profesional. Incluso puede que rompiera aún más mi motor.
Tu motor es la mente que viene sin instrucciones desde que naciste. Y ahora, con el teletrabajo, es como si le hubieras añadido un montón de piezas nuevas sin manual de usuario: notificaciones constantes, videollamadas interminables, la presión de estar siempre disponible…
Es totalmente normal contar con alguien que ya sabe cómo funciona y puede ponerte las cosas mucho más fáciles y agradables.
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