Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, o como yo lo llamo cariñosamente, “el cerebro que quiere hacer mil cosas a la vez, pero a veces se olvida de cuál era la importante”. Si eres teletrabajador y tienes TDAH, probablemente sientas que tu día laboral es como un circo de tres pistas, pero sin domador para mantener el caos a raya.


¿Qué es el TDAH, en realidad?


El TDAH es una condición neurobiológica que afecta la forma en que tu cerebro regula la atención, los impulsos y, en algunos casos, la energía física. No es solo “no poder concentrarse” o “ser hiperactivo”.

Es más bien como tener un control remoto interno con los botones un poco desordenados: a veces te quedas atrapado cambiando de canal cada dos segundos (dificultad para mantener la atención), a veces aprietas “volumen máximo” sin querer (impulsividad), y otras veces te olvidas de dónde dejaste el control remoto (desorganización).

Y aquí viene la parte interesante: el TDAH no es algo que “desaparece” al crecer, como mucha gente cree.

Muchos adultos, especialmente teletrabajadores, descubren que lo tienen porque el trabajo remoto pone a prueba sus habilidades de autorregulación como nunca antes.

¿Te suena eso de empezar un correo, luego abrir una pestaña “solo para buscar algo rápido”, y dos horas después darte cuenta de que te olvidaste del correo, pero ahora sabes todo sobre cómo cultivar suculentas? Bienvenido al club del TDAH en el teletrabajo.

TDAH y teletrabajo: un desafío único

El teletrabajo puede ser una bendición y una maldición para las personas con TDAH. Por un lado, tienes la libertad de trabajar desde casa, sin las distracciones de una oficina ruidosa o las interrupciones constantes de compañeros.

Pero por otro lado, esa misma libertad puede convertirse en tu peor enemigo: sin una estructura externa, sin un jefe mirando por encima de tu hombro, y con todas las distracciones del hogar a tu alcance (¡Hola, Netflix, nevera, y esa pila de ropa que de repente parece urgentísima!), mantenerte enfocado puede sentirse como tratar de domar un toro en un rodeo.

Y no hablemos de las videollamadas. Para alguien con TDAH, una reunión virtual puede ser un campo de minas: ¿cómo mantener la atención cuando tu cerebro decide que es más interesante contar los libros en la estantería de tu colega que escuchar el informe? ¿O cómo evitar interrumpir porque de repente te vino una idea brillante que no puede esperar?

Y luego está esa sensación de culpa cuando te das cuenta de que, una vez más, no terminaste todo lo que te propusiste, porque tu cerebro decidió que reorganizar tu escritorio era más importante que responder ese correo urgente.

Esto es lo que tal vez no sepas:

El TDAH no es un defecto ni una excusa. Es una forma diferente de funcionar, y aunque puede hacer que el teletrabajo sea un desafío, también puede ser una fuente de creatividad, energía y habilidades únicas, especialmente si aprendes a manejarlo.

Por ejemplo, esa capacidad de hiperconcentrarte en algo que te apasiona (como ese proyecto creativo que terminaste en tiempo récord) o de pensar de forma creativa (como esa idea innovadora que dejaste caer en la reunión y que dejó a todos boquiabiertos) son súper poderes del TDAH, si sabes cómo canalizarlos.

Esto es lo que seguramente no sabes:

El TDAH no solo afecta tu capacidad de concentración o tu organización. También puede jugar con tus emociones, especialmente en el teletrabajo, donde la falta de estructura y contacto humano puede amplificar sentimientos de frustración, culpa o inseguridad.

¿Te has sentido alguna vez como un “fracaso” porque no logras mantenerte al día con las tareas como tus colegas que parecen tenerlo todo bajo control?

¿O te has sentido abrumado por la presión de “demostrar” que estás trabajando aunque nadie te vea?

Esos sentimientos no son solo “estrés laboral”; pueden ser parte de cómo el TDAH afecta tu vida diaria, y aprender a manejarlos es tan importante como aprender a organizar tu agenda.

¿Por qué es importante apoyarme en un profesional?

Un psicólogo conoce cómo funciona el TDAH, especialmente en este mundo caótico y maravilloso del teletrabajo, donde la falta de estructura externa puede hacer que tu cerebro con TDAH se sienta como un niño en una tienda de caramelos sin supervisión.

Sabe qué te atasca —como la dificultad para priorizar tareas, la tendencia a procrastinar, o esa sensación de abrumarte con tantas pestañas abiertas (literal y metafóricamente)— y qué te ayuda a avanzar, como crear rutinas adaptadas a tu forma de funcionar, manejar tus emociones y aprovechar tus fortalezas únicas.

Un profesional puede darte un apoyo sólido, un lugar donde aprender a domar ese circo de tres pistas que es tu mente, para que el teletrabajo deje de ser una montaña rusa y se convierta en un lugar donde puedas brillar. Puede acompañarte en el camino de cambiar tu vida, tus emociones y tu forma de trabajar, para que recuperes el control, tomes acción de cambio y, sobre todo, disfrutes del proceso, incluso desde la soledad de tu home office.

No sé por qué, pero cuando se trata de un motor estropeado, nadie duda en llamar a un mecánico. Es casi un instinto. En las comedias americanas siempre se burlan de ese padre de familia que quiere hacerse el electricista para ahorrar unos dólares y termina con un apagón en todo el vecindario.

Y sin embargo, cuando se trata de nuestra mente, de ese cerebro con TDAH que quiere hacer mil cosas a la vez pero a veces se olvida de cuál era la importante, nos empeñamos en “arreglarlo” solos. Nos han vendido la idea de que debemos autogestionarnos, de que debemos ser fuertes, de que pedir ayuda es un signo de debilidad.

Pero, espera un segundo, ¿alguien nos enseñó cómo hacer eso? ¿Alguien nos dio un manual para manejar el TDAH cuando nuestro mundo laboral se reduce a una pantalla y cuatro paredes, cuando no hay un compañero cerca para recordarnos qué era lo importante, o cuando la presión de “ser productivo” nos hace sentir como si estuviéramos fallando constantemente?

¡Claro que no!

En mi cabeza, eso es tan absurdo como si me pidieran construir un cohete espacial con un tutorial de YouTube. No lo intentaría ni en sueños, y si lo hiciera, acabaría frustrado, perdiendo tiempo y, probablemente, empeorando las cosas antes de rendirme y buscar a alguien que sepa de verdad.

Tu cohete espacial es tu mente, tu energía, tu capacidad de disfrutar de la vida y del trabajo, incluso con TDAH. Y ahora, con el teletrabajo, es como si le hubieras añadido un montón de piezas nuevas sin instrucciones: la presión de estar siempre “visible”, la falta de estructura externa que te ayude a organizarte, la sensación de que cualquier distracción es un fracaso personal.

Es completamente normal buscar a alguien que ya conoce el mapa, que puede guiarte para que el viaje sea más ligero y, quién sabe, incluso emocionante.

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