Si estás leyendo esto, déjame darte la enhorabuena antes de seguir. Si has llegado hasta estas líneas, significa que estás buscando algo. Y no cualquier cosa. Te estás buscando a ti, el sentirte bien, pleno, creciendo y disfrutando del proceso, incluso desde la soledad de tu home office o la vorágine de notificaciones que define tu día como teletrabajador.


No puede haber decisión más valiosa, y te lo digo con el corazón en el teclado. Porque, seamos honestos, el teletrabajo puede ser un terreno fértil para el crecimiento, pero también un lugar donde es fácil perderse entre deadlines, videollamadas y la sensación de que “siempre falta algo”.


¿Qué es el crecimiento personal, en realidad?

Todo lo que construyes a tu alrededor —tu familia, tu relación de pareja, tus hijos, tu trabajo— crecerá tanto como estés creciendo tú.

En el teletrabajo, esto es especialmente cierto, porque tú eres el centro de tu propio universo laboral: no hay un compañero en el escritorio de al lado para darte una palmadita en la espalda, ni un trayecto de vuelta a casa para desconectar y reflexionar. Eres tú, tu pantalla, y ese espacio que a veces se siente como una burbuja de aislamiento.

Crecimiento personal significa trabajar en ese punto central, en ti. Significa mimarte, ayudarte a florecer, y desde ahí, dar lo mejor a tu entorno. Es aprender a manejar el estrés de un día lleno de reuniones virtuales sin perder la calma, a sentirte valioso aunque no estés físicamente en la oficina, a disfrutar de tu tiempo libre sin sentirte culpable por no estar “produciendo”.

Cuanto más trabajes en ti, más grande se volverá todo lo que te rodea: tus relaciones, tu bienestar, y sí, también tu desempeño laboral, porque un tú pleno y en crecimiento es un tú que aporta luz, incluso a través de una pantalla.


Crecimiento personal y teletrabajo: un desafío único


El teletrabajo puede ser una oportunidad increíble para el crecimiento personal, pero también un terreno lleno de trampas. Por un lado, tienes la libertad de organizar tu día, de trabajar desde donde quieras, de evitar el caos de la oficina. Pero por otro lado, esa libertad viene con sus propios retos: la dificultad de desconectar cuando tu “oficina” está en tu comedor, la presión de demostrar que vales aunque nadie te vea, la sensación de aislamiento que a veces te hace dudar de quién eres fuera del trabajo.

Crecimiento personal en este contexto significa aprender a florecer incluso en esas condiciones. Es descubrir cómo establecer límites entre trabajo y vida personal cuando no hay una puerta que cerrar al salir de la oficina.

Es encontrar formas de sentirte conectado con otros aunque tus interacciones sean principalmente virtuales. Es darte permiso para descansar sin sentir que estás “fallando” en algo. Y, sobre todo, es recordar que tú eres mucho más que tu productividad, mucho más que un nombre en un chat de Teams o un avatar en una videollamada.

Acompañar un desarrollo personal, especialmente en el mundo del teletrabajo, para mí es un profundo honor.

Es asistir al nacimiento de un milagro, ver cómo la vida se abre paso y crece dentro de un ser humano, incluso desde la soledad de un escritorio improvisado o la presión de un entorno virtual.

Es ver cómo alguien descubre que puede ser pleno, feliz y exitoso, no a pesar del teletrabajo, sino gracias a lo que aprende de sí mismo en ese proceso.

¿Por qué es importante apoyarme en un profesional?


Un psicólogo conoce cómo funciona el ser humano, especialmente en este mundo extraño y maravilloso del teletrabajo, donde los retos son tan únicos como las oportunidades. Sabe qué nos atasca —como la presión de estar siempre “encendido”, la dificultad de desconectar, o la sensación de que nuestro valor depende de lo que producimos— y qué nos ayuda a avanzar, como aprender a establecer límites, a valorarnos por lo que somos y no solo por lo que hacemos, o a encontrar formas de disfrutar de la vida más allá de la pantalla.

Un profesional puede darte un apoyo sólido, un lugar donde gestionar tu crecimiento de la manera adecuada, donde sentirte capaz de florecer y disfrutar del proceso, incluso cuando el teletrabajo te hace dudar de ti mismo. Puede acompañarte en el camino de cambiar tu vida, tus emociones y tus creencias, para que recuperes el control, tomes acción de cambio y te desarrolles, no solo como trabajador remoto, sino como persona.

No sé por qué, pero cuando se trata de un motor estropeado, nadie duda en llamar a un mecánico. Es casi un instinto. En las comedias americanas siempre se burlan de ese padre de familia que quiere hacerse el electricista para ahorrar unos dólares y termina con un apagón en todo el vecindario.

Y sin embargo, cuando se trata de nuestra mente, de nuestro crecimiento, de esa sensación de querer ser más, de querer sentirnos plenos incluso en la vorágine del teletrabajo, nos empeñamos en “arreglarlo” solos. Nos han vendido la idea de que debemos autogestionarnos, de que debemos ser fuertes, de que pedir ayuda es un signo de debilidad.

Pero, espera un segundo, ¿alguien nos enseñó cómo hacer eso? ¿Alguien nos dio un manual para crecer cuando nuestro mundo laboral y personal se mezclan en el mismo espacio, cuando no hay un compañero cerca para recordarnos que valemos mucho más que nuestra productividad, o cuando la presión de “ser visto” en un entorno virtual nos hace olvidar quiénes somos realmente?

¡Claro que no!

En mi cabeza, eso es tan absurdo como si me pidieran construir un cohete espacial con un tutorial de YouTube. No lo intentaría ni en sueños, y si lo hiciera, acabaría frustrado, perdiendo tiempo y, probablemente, empeorando las cosas antes de rendirme y buscar a alguien que sepa de verdad.

Tu cohete espacial es tu mente, tu energía, tu capacidad de disfrutar de la vida y de crecer, incluso desde la soledad de tu home office. Y ahora, con el teletrabajo, es como si le hubieras añadido un montón de piezas nuevas sin instrucciones: la presión de estar siempre “visible”, la falta de contacto humano que te dé perspectiva, la sensación de que tu crecimiento personal debe esperar porque “hay cosas más urgentes”.

Es completamente normal buscar a alguien que ya conoce el mapa, que puede guiarte para que el viaje sea más ligero y, quién sabe, incluso emocionante.

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