Habilidades sociales: esas palabras que suenan a algo que deberíamos dominar desde el colegio, pero que, si eres teletrabajador, a veces sientes que se te han oxidado como una bicicleta olvidada en el garaje.
¿Qué son las habilidades sociales, en realidad?
Las habilidades sociales son ese conjunto de herramientas invisibles que usamos para conectar con otros, para navegar conversaciones, para expresar lo que pensamos y sentimos sin que todo termine en un malentendido, y para construir relaciones que nos hagan sentir bien. Son como el aceite que mantiene en marcha la maquinaria de nuestras interacciones humanas, desde pedir un favor hasta resolver un conflicto o simplemente disfrutar de una charla.
Y aquí viene la parte interesante: todos tenemos habilidades sociales, en mayor o menor medida, porque todos hemos aprendido a interactuar desde pequeños.
Y aquí viene la parte interesante: todos tenemos habilidades sociales, en mayor o menor medida, porque todos hemos aprendido a interactuar desde pequeños.
Pero, seamos honestos, no todos las tenemos igual de afiladas, y en el mundo del teletrabajo, donde las interacciones cara a cara son tan escasas como un día sin reuniones de Zoom, esas habilidades pueden sentirse un poco… torpes.
¿Te suena eso de quedarte en blanco en una videollamada, no saber cómo pedir ayuda sin parecer “débil”, o sentir que tus mensajes en el chat del equipo siempre suenan más serios de lo que pretendías?
Habilidades sociales y teletrabajo: un desafío único
El teletrabajo ha cambiado las reglas del juego social. Antes, en la oficina, podías practicar tus habilidades sociales de forma natural: un “buenos días” en el pasillo, una broma en la pausa del café, una charla rápida para aclarar un malentendido. Pero ahora, todo eso se ha reducido a una pantalla, y nuestras interacciones se han vuelto más… digamos, “filtradas”.
Un emoji mal colocado en un mensaje puede generar un malentendido, una pausa incómoda en una videollamada puede hacerte sentir que no encajas, y la falta de contacto humano directo puede hacer que te sientas fuera de práctica, como si hubieras olvidado cómo se juega a este juego de las relaciones.
Y no hablemos de la presión añadida del teletrabajo: la necesidad de parecer profesional en cada interacción virtual, el miedo a no ser “visto” o valorado porque no estás físicamente presente, o la dificultad de construir lazos con un equipo que solo conoces a través de una pantalla. Todo esto puede hacer que nuestras habilidades sociales, que ya de por sí pueden ser un reto, se sientan como un músculo que no hemos entrenado en mucho tiempo.
Esto es lo que tal vez no sepas:
Las habilidades sociales no son algo fijo, como el color de tus ojos o tu altura. Son algo que se puede aprender, mejorar y adaptar, incluso en un entorno tan peculiar como el del teletrabajo. Y, sorpresa, no se trata solo de “hablar bien” o “caer bien”.
Se trata de aprender a expresar tus necesidades (como decir “necesito ayuda con este proyecto” sin sentirte un fracasado), de interpretar las señales sociales en un entorno virtual (¿ese silencio en la reunión fue por algo que dije o simplemente porque alguien se olvidó de quitar el mute?), y de construir conexiones significativas aunque no haya una máquina de café de por medio.
Esto es lo que seguramente no sabes:
Muchas veces, la dificultad con las habilidades sociales en el teletrabajo no es solo una cuestión de “no saber cómo”. A menudo, está relacionada con otras emociones más profundas, como el miedo al rechazo (¿y si pido ayuda y piensan que no estoy a la altura?), la inseguridad (¿y si mi comentario en el chat sonó raro y ahora todos me juzgan?), o incluso la frustración acumulada por sentirte aislado (¿por qué nadie responde mis mensajes con algo más que un “ok”?).
Estas emociones pueden actuar como un freno invisible, haciendo que evitemos interacciones o que nos sintamos torpes cuando intentamos conectar.
Estas emociones pueden actuar como un freno invisible, haciendo que evitemos interacciones o que nos sintamos torpes cuando intentamos conectar.
Pero aquí viene la buena noticia: esas habilidades sociales, aunque estén un poco oxidadas, pueden pulirse. Y no solo eso, sino que mejorarlas puede transformar tu experiencia en el teletrabajo, haciéndote sentir más seguro, más conectado y, sí, también más feliz, incluso desde la soledad de tu home office.
¿Por qué es importante apoyarme en un profesional?
Un psicólogo conoce cómo funcionan las habilidades sociales, especialmente en este mundo extraño y maravilloso del teletrabajo, donde las interacciones humanas se han reducido a píxeles y emojis. Sabe qué las bloquea —como el miedo al rechazo, la inseguridad o la falta de práctica—, qué las fortalece —como aprender a expresar tus necesidades o a interpretar señales virtuales—, y cómo ayudar a sus pacientes a desarrollarlas de la manera adecuada, incluso en un entorno donde no hay apretones de manos ni charlas improvisadas.
Un profesional puede darte un apoyo sólido, un lugar donde aprender a manejar esas interacciones virtuales sin sentirte como un robot, a construir lazos con tu equipo aunque solo los veas en una pantalla, y a recuperar la confianza en ti mismo para que tus mensajes, tus videollamadas y tus relaciones laborales sean algo que disfrutes, no que temas. Puede guiarte para que, poco a poco, tu home office deje de ser un lugar de aislamiento y se convierta en un espacio desde el que te sientes conectado, valorado y seguro.
No sé por qué, pero cuando se trata de un motor estropeado, nadie duda en llamar a un mecánico. Es casi un insinto. En las comedias americanas siempre se burlan de ese padre de familia que quiere hacerse el electricista para ahorrar unos dólares y termina con un apagón en todo el vecindario.
Y sin embargo, cuando se trata de nuestra mente, de esas habilidades sociales que nos hacen tropezar en cada videollamada o nos hacen dudar de cada mensaje que enviamos, nos empeñamos en “arreglarlo” solos. Nos han vendido la idea de que debemos autogestionarnos, de que debemos ser fuertes, de que pedir ayuda es un signo de debilidad.
Pero, espera un segundo, ¿alguien nos enseñó cómo hacer eso? ¿Alguien nos dio un manual para ser socialmente hábiles cuando nuestro mundo laboral se reduce a una pantalla y cuatro paredes, cuando no hay un compañero cerca para practicar una charla informal, o cuando la presión de “parecer profesional” nos hace sentir como si estuviéramos actuando en una obra de teatro sin guion?
¡Claro que no!
En mi cabeza, eso es tan absurdo como si me pidieran construir un cohete espacial con un tutorial de YouTube. No lo intentaría ni en sueños, y si lo hiciera, acabaría frustrado, perdiendo tiempo y, probablemente, empeorando las cosas antes de rendirme y buscar a alguien que sepa de verdad.
Tu cohete espacial es tu mente, tu confianza, tu capacidad de disfrutar de la vida y del trabajo sin que la falta de habilidades sociales te haga sentir fuera de lugar. Y ahora, con el teletrabajo, es como si le hubieras añadido un montón de piezas nuevas sin instrucciones: la presión de parecer profesional en cada interacción virtual, la falta de contacto humano que te dé feedback inmediato, la sensación de que cada mensaje o cada silencio en una reunión dice algo sobre tu valía.
Es completamente normal buscar a alguien que ya conoce el mapa, que puede guiarte para que el viaje sea más ligero y, quién sabe, incluso emocionante.
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